El pasado viernes 13 de marzo no fue un viernes cualquiera. En el marco del Mes de la Mujer, la Plaza Sarmiento se transformó en un escenario de encuentro, movimiento y profunda emoción. Bajo el lema de compartir y reconocerse, cientos de vecinas se dieron cita en una jornada que logró equilibrar la reflexión con la celebración de la vida.

Movimiento que sana y une

La tarde comenzó con energía renovada. A las 18:30 horas, el profesor Andrés Marchiano rompió el hielo con un taller de gimnasia que puso a todas en movimiento, recordándonos la importancia del bienestar físico y el autocuidado.

Sin embargo, el punto más alto del ritmo llegó de la mano de Ileana Gigliano. Su clase de baile no solo llenó la plaza de música, sino que generó ese lenguaje común que solo la danza permite: mujeres de todas las edades compartiendo un mismo paso, una misma sonrisa y la libertad de adueñarse del espacio público.

Reconocimiento al corazón de la ciudad

Uno de los momentos más emotivos de la jornada fue la entrega de reconocimientos a mujeres destacadas. En un silencio respetuoso, la comunidad honró a aquellas vecinas que, desde su labor diaria, su compromiso social o su historia de superación, dejan una huella imborrable en nuestra ciudad. Fue un recordatorio de que el cambio se construye con nombres propios y gestos cotidianos.

Un espacio para emprender y cuidarse

El Paseo de la Mujer ofreció mucho más que productos:

Asesoramiento y Acompañamiento: Stands informativos brindaron orientación esencial sobre derechos y salud.

Feria de Emprendedores: Las artesanas locales mostraron el fruto de su esfuerzo, transformando la plaza en un motor de economía social.

Belleza y Autocuidado: Un rincón dedicado a mimarse, donde el bienestar personal fue el protagonista.

«Gracias a quienes se sumaron a compartir una tarde distinta. No fue solo un evento, fue un abrazo colectivo para reafirmar que juntas somos más fuertes», expresaron desde la organización.

La jornada cerró al caer el sol, con la satisfacción de haber habitado una tarde donde la sororidad dejó de ser una palabra para convertirse en una experiencia compartida.